Cerca de mi Casa Rosada , la milonguera , la de la historia de Del Carril , La Merelo , Perón y Gardel está el río. Para llegar a mojar la patas en el agua marrón y sentir las piedras redondas en las plantas de los pies , se pasa primero por el Parque San Carlos (o Rivadavia según los años) .
Ahí , en este parque alucinante y mantenido solo por la clemencia del tiempo , están las ruinas de un palacio francés de fines de 1800 que fue de algún barón , un Dandy exiliado , un vago de la nobleza , vergüenza de alguna familia de sangre azul y orgullo para los de sangre colorada . Al tipo lo despacharon al culo del mundo , a la mesopotámia , quien sabe por que quilombo de polleras largas , después del cargamento de piedras para la construcción del palacete con vistas al río Uruguay.
Varios años después , el castillo era mantenido por una familia , también francesa , compuesta por un botánico , su esposa y dos hijas de diez y doce años .
Los caseros se dedicaban a cuidar los caballos , la casa , criar animales exóticos y sobre todo , a mimar el enorme jardín botánico que tenia aquel viejo y noble patrón sinvergüenza , detrás del castillo , y que todavía existe casi intacto, con sus palos borrachos , magnolias , aloes gigantes , eucaliptos , araucarias y palmeras enormes y montones de especies rarísimas para nuestra zona del citrus y la selva en galería que bordea el río de los pájaros.
El asunto es que otro francés , un aviador perteneciente a una aeropostal sobrevolaba el castillo periódicamente , sin saberlo ,casi todos los meses en un pequeño pedazo de fierro en el que cruzaba el Atlántico.
El tipo venia desde Lyón o de Toulouse y llegaba hasta Santiago de Chile.
Era correo , filósofo , solitario , aventurero , poeta y guerrero.
Era ni mas ni menos que Antoine Saint Exupery.
Un día Antoine tuvo un desperfecto en el carromato de hélices y de apuro bajó a tierra , ni bien cruzar el río Uruguay , al otro lado de Salto. Aterrizó como pudo en medio de un campo y caminó…..caminó….un buen rato….
Con la bendición para el , de encontrarse casi sin darse cuenta , después de un aterrizaje de emergencia , hablando en francés con la primera persona que se cruzó por delante , allá en el sur de Sudamérica , en Entre Ríos , allá en San Carlos…era el casero de nuestro castillo, el botánico.
A partir de ese momento Antoine ,tan sensato y talentoso , tan poeta y filosofo , tan intuitivo y respetuoso de las señales , no dejó nunca de bajar a visitar a su familia de amigos franceses de Concordia , mientras siguió haciendo su ruta de correo aventurero : Lyón-Santiago.
El tipo se encariñó con la familia , hablaban de música , de libros , de política. Caminaba por el río y tomaba coñac en la terraza de mármoles blancos y negros.
Hasta que estalló la guerra , dejó el correo y huyó a Norteamérica para después volver y sumarse a las tropas aliadas.
En el libro “Tierra de Hombres” escribió “Oasis” dedicado a nuestro lugar orillando el río.
Y se chusmea también entre los barrios concordienses que el Principito fue inspirado por las niñas de su familia amiga franco-mesopotámica , que criaban zorros , lagartos, iguanas y otros bichos raros con una maestría y fantasía genial.
Aunque sin duda era el ….Antoine , el que bajó del asteroide para bendecir nuestra barrio.
Hoy en el los diarios de España le vimos la cara al Nazi cobarde hijo de una gran puta que sobre el Mediterráneo , al sur de Francia , en 1944 , atacó desde atrás y derribó su pequeño avión desarmado sobre el agua , terminando con su corta vida de 44 años.
Un recuerdo para un grande que nos dejó un pedacito de su poesía , de su alma , allá en el sur de Sudamérica, en Concordia , al borde del río marrón y del caserío.
Entre las piedras de San Carlos.
